Abro los ojos y veo el techo de mi cuarto, rosado. Empiezo a sonreír y digo:
Es sábado, cumplo quince años, me llamo Marta, me considero agradable, un poco lanzada, pero sobre todo una autentica y total imbécil.
Voy hacia la cocina, y veo a mis padres sentados en la mesa, serios. Pregunto por el desayuno, mi madre me lo señala. Huevos revueltos con salchichas. ¿Por qué siempre como lo mismo?
Al terminar de desayunar, voy a mi cuarto. Me empiezo a vestir, y pienso como será encontrarme con mis amigos.
Al llegar a la casa de Marina, el lugar donde habíamos quedado, llamo a su portal y me abre, en el ascensor empiezo a sentir las cosquillitas subiendo por mi estómago.
Al llamar al timbre de su casa me abre, esta todo oscuro, me adentro como puedo y de repente:
-¡Feliz cumpleaños!-gritan todos.
Me emociono. Al volver a mi casa, ceno y me acuesto, estoy agotada.
A la mañana siguiente me despierto, veo a mi madre, está bastante seria.
Me lleva a la cocina, en ella está mi padre también, y me dice:
-Marta, tu padre y yo hemos decidido divorciarnos.
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